Bienvenido/a a esta entrega especial dedicada a profundizar en la espiritualidad y las enseñanzas de Un Curso de Milagros. Hoy exploraremos una de sus lecciones más poderosas de un curso de milagros, la Lección 188, que nos invita a reconocer que La Paz de Dios ya refulge en nuestro interior y está siempre presente, lista para ser reconocida y compartida. Acompáñame en esta reflexión y en la práctica que nos acerca a esa paz interior que todos llevamos dentro.
Explicación en Video de la Lección 188 de UCDM
Te invito a ver el video donde profundizamos en esta lección y en cómo aplicarla en nuestra vida diaria.
Texto Completo del ejercicio diario de la Lección 188 de Un Curso de Milagros
Aquí tienes el texto íntegro de la lección 188, directamente del libro de ejercicios de UCDM:
LECCIÓN 188 UCDM
La Paz de Dios refulge en mí ahora.
- ¿Por qué esperar a llegar al Cielo? Los que buscan la luz están simplemente tapándose los ojos. La luz ya está en ellos. La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio. La luz es algo ajeno al mundo, y tú en quien mora la luz eres asimismo un extraño aquí. La luz vino contigo desde tu hogar natal y ha permanecido contigo porque es tuya. Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. Refulge en ti porque ilumina tu hogar y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar.
- Esta luz no se puede perder. ¿Por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió? Es tan fácil verla que los argumentos que demuestran que no está ahí se vuelven irrisorios. ¿Quién podría negar la presencia de lo que está en él mismo? No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda visión. Lo que se ve, ya sea en sueños o procedente de una Fuente más verdadera, no es más que una sombra de lo que se ve a través de la visión interior. Ahí comienza la percepción y ahí termina. No tiene otra fuente que ésta.
- La Paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo. Se detiene a acariciar cada ser vivo, y le deja una bendición que ha de perdurar por siempre y para siempre. Lo que da no puede sino ser eterno. Elimina todo pensamiento de lo efímero y de lo que carece de valor. Renueva todos los corazones fatigados e ilumina todo lo que ve según pasa de largo. Todos sus dones se le dan a todo el mundo, y todo el mundo se une para agradecerte a ti que das y a ti que has recibido.
- El resplandor de tu mente le recuerda al mundo lo que ha olvidado, y éste a su vez restituye esa memoria en ti. Desde ti la salvación irradia dones inconmensurables, que se dan y se devuelven. A ti que das el regalo, Dios Mismo te da las gracias. Y la luz que refulge en ti se vuelve aún más brillante con Su bendición, sumándose así a los regalos que tienes para ofrecérselos al mundo.
- La Paz de Dios jamás se puede contener. El que la reconoce dentro de sí tiene que darla. Y los medios por los que puede hacerlo residen en su entendimiento. Puede perdonar porque reconoció la verdad en él. La Paz de Dios refulge en ti ahora, así como en todo ser vivo. En la quietud, la Paz de Dios se reconoce universalmente, pues lo que tu visión interna contempla es tu percepción del universo.
- Siéntate en silencio y cierra los ojos. La luz en tu interior es suficiente. Sólo ella puede concederte el don de la visión. Ciérrate al mundo exterior y dales alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti. Ellos conocen el camino. Pues los pensamientos honestos, no mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo.
- Estos son los pensamientos que piensas con Él. Ellos reconocen su hogar y apuntan con certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hijo son Uno. La Paz de Dios refulge sobre ellos, y no pueden sino permanecer contigo, pues nacieron en tu mente, tal como tu mente nació en la de Dios. Te conducen de regreso a la paz, desde donde vinieron con el solo propósito de recordarte cómo regresar.
- Acatan la Voz de tu Padre cuando tú te niegas a escuchar. Y te instan dulcemente a que aceptes Su Palabra acerca de lo que eres en lugar de fantasías y sombras. Te recuerdan que eres el co-creador de todas las cosas que viven. Así como la Paz de Dios refulge en ti, refulge también en ellas.
- El propósito de nuestras prácticas de hoy es acercarnos a la luz que mora en nosotros. Tomamos rienda de nuestros pensamientos errantes y dulcemente los conducimos de regreso allí donde pueden armonizarse con los pensamientos que compartimos con Dios. No vamos a permitir que sigan descarriados. Dejaremos que la luz que mora en nuestras mentes los guíe de regreso a su hogar. Los traicionamos al haberles ordenado que se apartasen de nosotros. Pero ahora les pedimos que regresen y los purificamos de cualquier anhelo extraño o deseo confuso. Y así, les restituimos la santidad que es su herencia.
- De esta forma, nuestras mentes quedan restauradas junto con ellos, y reconocemos que la Paz de Dios refulge todavía en nosotros y que desde nosotros se extiende hasta todos los seres vivos que comparten nuestra vida. Los perdonamos a todos y absolvemos al mundo entero de lo que pensábamos que nos había hecho. Pues somos nosotros quienes construimos el mundo como queremos que sea. Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación. Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos: La Paz de Dios refulge en mí ahora. Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.
Explicación completa de la Lección 188 de UCDM
La lección 188 nos recuerda que la paz y la luz de Dios ya están presentes en nuestro interior. No necesitamos buscar fuera de nosotros; la verdadera iluminación es un simple reconocimiento de la presencia de esa paz divina que siempre ha existido. La enseñanza nos invita a dejar de taparnos los ojos y a abrir los ojos internos para ver la luz que nunca nos abandonó. A través de la meditación y la reflexión, podemos conectarnos con esa paz, que se extiende desde nuestro corazón hacia todo el mundo, recordándonos que somos co-creadores de nuestra experiencia y que, en esencia, ya somos plenamente libres y en paz. Este mensaje nos anima a transformar nuestra percepción y a practicar la bendición y el perdón en nuestra vida cotidiana, reconociendo que la paz de Dios refulge en nosotros en todo momento.
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Cómo Practicar la Lección 188 de UCDM – Despierta del Sueño y Libera tu Mente
- Dedica unos minutos cada día a sentarte en silencio y cerrar los ojos. Respira profundamente y visualiza una luz brillante en tu interior que representa la paz de Dios.
- Repite mentalmente la afirmación: «La Paz de Dios refulge en mí ahora», poniendo toda tu intención en sentir esa paz en tu corazón.
- Permítete aceptar esa luz y visualiza cómo esa paz se extiende más allá de ti, tocando a todos los seres con una bendición eterna.
- Recuerda que no necesitas hacer nada más que reconocer esa paz en tu interior, porque ella ya está allí. Agradece por ella y por el hecho de que siempre has estado en paz, aunque no lo hayas reconocido.
- Integra esta práctica en tu rutina diaria, manteniendo la conciencia de que la paz de Dios es un estado natural que puedes acceder en cualquier momento.
Practica con constancia y compasión, y verás cómo esa paz se convierte en una presencia constante en tu vida, transformando tu percepción y trayendo mayor armonía y claridad.
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