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¿Qué he ganado con la meditación? NADA | Mi experiencia y aprendizajes

Una vez le preguntaron a Buda: “¿Qué has ganado con la meditación?”. Y Buda respondió: “Nada. Sin embargo, déjame decirte qué he perdido: ira, ansiedad, depresión, inseguridad y miedo a la vejez y a la muerte”.

¿Qué es la meditación? ¿Me ha funcionado? ¿Cómo?

En este vídeo, me encantaría contarte qué es la meditación, basándome en mi propia experiencia y en algunos de los aprendizajes que he adquirido tras horas de meditar seriamente.

En los últimos años, Occidente se ha llenado de tendencias New Age, donde muchas personas aseguran alcanzar la felicidad y conseguir cosas imposibles gracias a su nueva técnica y, por supuesto, lo cobran a un alto precio. Astrología, péndulos, cristales de cuarzo, homeopatía, cientos de psicoterapias y miles de herramientas más que van llegando. He probado y experimentado unas cuantas, y hace unos años era una persona superracional y mental; de hecho, lo sigo siendo, pero he experimentado ciertas cosas que han cambiado mi percepción de la realidad, mi forma de ver el mundo.

No tengo nada en contra de estas terapias, ni me genera demasiado enfado el hecho de que se venda tan a la ligera la espiritualidad. De hecho, creo que es un síntoma global positivo que, simplemente, anuncia que estamos evolucionando como seres humanos. Pero de todas las cosas que he probado, la meditación es en la que más he podido profundizar.

Cómo la Meditación Transformó Mi Vida (Y Puede Cambiar la Tuya)

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Y hoy estoy aquí para compartir contigo mi corta experiencia en este camino y cuáles han sido mis resultados en estos últimos años.

Hay diversas teorías sobre cómo surgió la meditación y la influencia que ha tenido en los distintos sistemas filosóficos, religiosos y espirituales. Te contaré la que yo conozco y la que yo practico, y quiero dejar claro que yo no tengo la verdad y mucho menos lo sé todo.

Según el TipiṭakaTripiṭaka o Canon Pali, hace más de 2600 años nació Gautama Buda, que fue la persona que redescubrió la meditación Vipassanā. Se dice que lo redescubrió porque esta técnica ya existía mucho antes, pero se fue perdiendo por la afluencia de maestros falsos, la búsqueda del interés personal sobre el común y la mezcla de diferentes técnicas y enseñanzas.

Durante el primer consejo budista, tres meses después del paranibbāna del Buda, en Rajgir, Ananda, su primo, recitó el Sutta Piṭaka.

Aclaración: existe el nibbāna en pali o nirvana en sánscrito, que es el estado en el cual un ser humano alcanza la iluminación. Y también existe el parinibbāna, que es el estado en el que la persona, después de alcanzar la iluminación, decide ascender a planos superiores de existencia.

Se dice que Ananda era superdotado y era capaz de memorizar absolutamente todo lo que escuchaba. Estuvo siempre acompañando al Buda, escuchando sus discursos, y estableció su intención en servir a Gautama. Los arahants, o personas iluminadas, presentes en el consejo budista aceptaron las recitaciones de Ananda y las enseñanzas fueron conservadas por la saṅgha, o el grupo de creyentes de esa época.

El Tipiṭaka se transmitió a Sri Lanka durante el reinado del rey Asoka. En un inicio, se conservó oralmente y luego se escribió en hojas de palma durante el cuarto consejo budista, en el año 29 a. C., unos 454 años después de la muerte del iluminado. En estas enseñanzas extensas se recoge mucha información sobre la que hoy no vamos a hablar y donde tampoco he profundizado, pero nos sirve para situarnos.

Gautama Buda, después de vivir en el palacio donde nació, emprendió un viaje para redescubrir una forma de eliminar el sufrimiento, y pasó por distintos maestros y enseñanzas, incluso el ascetismo extremo, donde maltrató su propio cuerpo pensando que así conseguiría purificar su mente. Finalmente, lo consiguió y encontró la técnica que le llevó a la purificación completa de su mente, la eliminación del sufrimiento. Fue capaz de ver todas sus vidas pasadas, conectar con la conciencia humana global, otros planos de existencia fuera de la Tierra, incluso fue capaz de ver y predecir el futuro.

Según esas predicciones, a día de hoy nos encontramos en el segundo Sāsana. Buda dividió los próximos 5000 años en dos etapas de 2500 años, donde habría al inicio un despertar y evolución de la conciencia y después se iría perdiendo de nuevo, incluso con el riesgo de perder la técnica que lo llevó a iluminarse.

Ahora mismo, según estas predicciones, nos encontramos en los primeros 100 años del segundo Sāsana, lo que, según sus predicciones, es una etapa de evolución y despertar de la conciencia. Esta técnica de meditación se fue transmitiendo de maestro a maestro. Incluso, se habla de que se volvió a perder antes de volver a resurgir de nuevo gracias a los textos recopilados en épocas pasadas.

La técnica llegó a mí gracias al maestro S. N. Goenka, quien difundió y extendió la técnica por todo Occidente, con más de 400 centros de meditación Vipassanā hasta la fecha y con una gran proyección futura y expansión, coincidiendo con las predicciones del Buda.

Dicho esto, y ahora que ya tienes el contexto para que tu mente racional entienda de dónde ha salido la meditación, no te creas nada de lo que te voy a decir. Todo lo que te voy a decir ahora no es nada que haya leído o escuchado. Lo que voy a decir aquí está basado en mi propia experiencia. Soy consciente de que todavía estoy lejos de la verdad, por eso, no te creas nada de lo que te voy a decir. Te invito a que lo experimentes por ti mismo y saques tus propias conclusiones.

Con solo tres años, prácticamente desde que adquirí conciencia, ya me pregunté: “¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿De dónde vengo? ¿Qué es un ser humano?”. De vez en cuando, sorprendía a mis padres con este tipo de preguntas. Así que, ya desde bien pequeño, tuve cierto interés en el más allá. Nunca me conformé con aceptar este plano.

Recuerdo que un día, tendría tres o cuatro años, me puse a llorar desconsoladamente en mi habitación y vino a mi mente la imagen de un niño de África muriendo de hambre. Conecté profundamente con el sufrimiento de estas personas tras haber visto un anuncio en la televisión de alguna ONG. Esa noche me fui a dormir supertriste.

En mi familia, había ciertas resistencias con la Iglesia. El concepto “Dios” es malentendido y rechazado, y yo, hasta cierta edad, copié este comportamiento. Pero a mis 13-15 años, las palabras “Buda” y “meditación” comenzaron a llamar mi atención. “¿Qué es eso?”. Yo quería descubrir y probar la meditación, así que comencé a intentarlo por mi cuenta, sin que nadie me hubiera explicado cómo se hacía. Y, además, trataba de no moverme, a pesar de que me doliera muchísimo la espalda. Comencé a leer en algunos foros, a leer algunos libros, y desde los 15-16 años tomé la decisión de meditar todos los días.

Seguí haciendo deporte, meditando, viviendo con mis más y mis menos, y recuerdo que en esa época comenzó a acompañarme un fuerte sentimiento de soledad y, a veces, tristeza. Pasé por un vacío existencial donde no encontraba sentido a la vida, pensé en quitármela y sufrí muchísimo. No entendía qué me estaba pasando y por qué a mí. A día de hoy, miro esa etapa con mucho agradecimiento porque lo que no sabía es que, en unos años, me embarcaría en el mayor viaje de autoconocimiento que un ser humano puede experimentar.

Sé que, gracias a haber tocado esa tristeza y vacío profundo, es decir, que toqué lo más hondo que puede tocar un ser humano, que es pensar en quitarse la vida, pude entender más sobre el sufrimiento y la mente humana. Hoy sé que esa experiencia es la que me ha hecho estar, a día de hoy, haciendo este vídeo.

Así que llegó el 2022 y, en aquel entonces, entrenaba muy fuerte en CrossFit. Era muy disciplinado y creía en el sacrificio para conseguir ganancias materiales o éxito en el mundo. Estaba en una época de mucha autoexigencia y, aunque a priori las circunstancias externas parecían buenas —es decir, tenía amigos, había estado en una relación de pareja, mi negocio empezaba a funcionar sin necesidad de complementar siendo entrenador, me llamaron para ser entrenador en CrossFit Coraje—, lo que yo llevaba por dentro era mucha ansiedad, miedo y sufrimiento. Así que participé en mi primer evento de desarrollo personal y comencé a darme cuenta de un montón de cosas. Descubrí a más personas interesadas en la meditación, en el desarrollo personal, el autoconocimiento. Entonces, empecé a dejar de sentirme solo y pedí ayuda.

Pedí ayuda y, gracias a una profunda conversación con Laura, amiga del alma, te mando un abrazo si me estás viendo, lloré y lloré. Lloré muchísimo, todo lo que no había sacado en mis últimos años con mi papel de persona superfuerte, sacrificada y disciplinada. Conecté con una fuerte búsqueda interior de entender más sobre mí, sobre mi mente y sobre los seres humanos, y entendí que llevaba muchos años viviendo en el “hacer para tener” y demostrar.

Me di cuenta de que todo lo que había hecho hasta ahora era para llamar la atención, sentirme especial o diferente, y conquistar el reconocimiento y admiración social. En ese momento, tomé la decisión de ir a un lugar en el que pudiera “ser”, es decir, dejar de hacer, hacer y hacer para conseguir cosas en base al sacrificio, y entender qué soy, qué quiero verdaderamente y a qué he venido aquí. Así que pensé: “Quiero ir a un retiro. No tengo ni idea de lo que es, nunca he hecho uno, pero quiero ir a un sitio en el que esté completamente desconectado del mundo, sin móvil, en silencio, para tratar de conectarme con mi ser y, a partir de ahí, tomar decisiones en mi vida”.

Ya sabes lo que dicen: “El maestro aparece cuando el alumno está preparado”. Así que un día, abrí Instagram y apareció mi amigo Pablo Matesanz, que acababa de hacer un retiro de meditación donde se estaba en silencio, se le había curado una enfermedad en su vista y había entendido que todos vamos a morir. No dudé, le escribí, nos llamamos, le pregunté y me apunté a mi primer curso. Al mes, aproximadamente, lleno de miedo, asistí a mi primer curso de meditación Vipassanā.

Realicé mi primer retiro o curso de meditación Vipassanā en mayo de 2022 con el profesor Martin Stephens, nombrado por el ya fallecido S. N. Goenka. Desde entonces, he participado ya en ocho cursos de 10 días. En dos de ellos he servido y a mitad de uno del año pasado tuve que salir por la muerte de mi abuela Margarita, que fue la primera muerte cercana que viví en mi familia.

Mira, no creo en las casualidades y creo firmemente que todo sucede por algo. Llámalo karma, llámalo Dios, llámalo destino, Universo, vida, naturaleza, me da igual, pero es arrogante pensar que lo sabemos todo y te puedo asegurar que, gracias a mi práctica de meditación, he empezado a entender que la idea que tenemos de lo que somos no se aproxima ni siquiera a la realidad de lo que verdaderamente somos. Si estás viendo este vídeo, no es casualidad. Ha habido una serie de acontecimientos en tu vida que han hecho que llegues a él, o quizás ha sido el algoritmo de YouTube. Puede parecer suerte, azar, pero no lo es. No es casualidad que estés viendo este vídeo, al igual que nada de mi historia es casualidad y todo me ha llevado a este momento.

Mira, te contaré una anécdota que me sucedió ayer y estoy seguro de que en tu día a día te pasan cosas similares. Y si crees que no, es porque no estás prestando suficiente atención o porque no aprendiste a mirar con ojos inocentes. Eran las 0:06 de la mañana y estaba hablando con una amiga muy intensamente, en el buen sentido. Estábamos en una conversación conectados el uno con el otro, comprendiendo por lo que estamos pasando cada uno, y de repente, una farola alumbrando un trozo de cemento donde ponía su nombre: María. Puedes pensar que es una causalidad, pero es que nada lo es. Y desde mi punto de vista, es arrogante pensar que lo sabemos todo y que las cosas están aquí por pura casualidad. Toda causa tiene su efecto y después te contaré otra anécdota para demostrártelo.

¿Qué supuso para mí el primer retiro de meditación y que hice?

Mi poca comprensión de la realidad en ese momento dio como consecuencia que yo buscara iluminarme o eliminar todo mi sufrimiento haciendo un retiro de meditación. Así que me tomé muy en serio todas las indicaciones que allí se dieron, pensando que así mi mente sería pura y ya no sufriría nunca más. Me ceñí estrictamente al horario y a las horas de meditación, llegando a meditar entre 10 y 12 horas al día. También cumplí mis horas de firme determinación o adhiṭṭhāna, que consisten en, tres veces al día, hacer una hora sin moverte a pesar de tus dolores. Creo que fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida, pero gracias a atravesarlo, entendí que el dolor se genera en la mente y que tenemos cierta capacidad de elegir cómo percibimos ese dolor.

Atento: cuando el dolor nos genera aversión, sufrimos; cuando observamos el dolor sin juzgarlo, sentimos. Y desde ese lugar de aceptación, cualquier dolor es posible soportarlo.

Por aquí te dejo una foto de cómo es el horario o un día del curso. También te voy a dejar en la descripción el vídeo que grabé después de terminar mi primer curso de meditación. En ese primer curso, sentí un avance muy grande y, sobre todo, una toma de conciencia con la etapa que estaba viviendo y que, a pesar de lo externo, no era para nada feliz ni estaba cerca de serlo. No conseguí iluminarme, evidentemente, y caí en una frustración al darme cuenta de que este camino es para toda la vida y que un simple curso no puede hacer nada por ti si tú no decides cambiar.

Ahora bien, el segundo retiro fue muy diferente. Solté casi por completo todas mis expectativas. La meditación fue mucho más profunda y llegué a rincones de mi mente donde, en el primer retiro, no me permití llegar. Al avanzar, también me di cuenta de lo lejos que estaba de la meta y que esto solo acababa de empezar, pero con la sonrisa característica que sucede de forma natural al terminar un curso de 10 días, lo afronté con determinación, alegría y confianza.

En un momento dado, establecí que la meditación pasaría a ser lo más importante en mi vida, por encima de mi negocio, por encima de mi deporte, por encima de todo. Tuve cierta claridad y entendimiento de lo bien que hacía esto en mí y en mi alrededor, y aún me costó algunos meses más y otro par de retiros darme cuenta. Me pillé intentando ser “el especial” de nuevo, volviendo a repetir el mismo patrón que sucedió con el CrossFit anteriormente, sin darme cuenta de que esto me estaba alejando todavía más de la meta al decidir dejar de ir con ciertos amigos, alejarme de mi familia y diferentes comportamientos que tuve.

La Verdad sobre la Meditación que Nadie te Cuenta: Mi Experiencia sin Filtros

Así que ahora te voy a dejar algunos de los aprendizajes que yo me llevé después de dos años meditando seriamente.

1º. No es lo que pensaba. Seguramente, la meditación no sea lo que piensas. No te vas a iluminar por hacer un curso de 10 días, y mucho menos esperes cambios profundos. Pero sí que servirá para tomar cierta conciencia, darte cuenta, despertar o como lo quieras llamar.

2º. Sirve para despertar, tomar conciencia, conectar con el sufrimiento de los seres humanos. A mí me ha despertado. Pensaba que era feliz porque, según la sociedad, lo era. Pero escucha esta frase: “No es un síntoma de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma” – Krishnamurti. Me ha hecho tomar conciencia de que los seres humanos sufrimos día a día, sufrimos mucho, y es nuestra propia mente la que genera este sufrimiento. Solo nosotros mismos podemos salir de ahí, y la vía más rápida es la meditación.

3º. No vas a dejar de sentir dolor ni convertirte en un ser altamente evolucionado. Es un camino muy lento y progresivo. Tomar conciencia, despertar o empezar a dar pasos en el sendero del Dhamma o Dharma no necesariamente está ligado a tener una gran transformación exterior y abandonar por completo el dolor y el sufrimiento. Más bien, te das cuenta de lo engañados y atrapados que vivimos en nuestra propia mente. Y tomar conciencia muchas veces significa atravesar ciertos miedos y zonas de nuestra mente que son muy dolorosas y que pocas personas están dispuestas a atravesar. Pero que cuando lo haces, la liberación es instantánea y sí se ve reflejado en el exterior.

4º. Paramis y cómo los aplico en mi vida diaria. La meditación va mucho más allá de la práctica en sí misma, y por eso crearon una analogía para que podamos entender en qué consiste este camino verdaderamente y cómo nos ayudará a salir del sufrimiento. Existen 10 paramis o méritos que podemos ver como 10 jarras vacías. Tenerlos en cuenta nos ayuda a liberarnos a nosotros mismos e, inevitablemente, a la gente que tenemos cerca. Bueno para ti y bueno para los demás. Estos son los paramis:

Se dice que cada vez que actúas de forma tal, favoreces alguno de estos paramis, echas una gota en una de las jarras. Si llegas a llenar los 10 paramis, alcanzas el nibbāna o nirvana. Puedes creerlo o no, pero lo que sí te puedo asegurar, en base a mi experiencia, es que cada vez que sirvo una gota a cada una de estas jarras, me siento mucho mejor, más alegre, más enérgico y con más ganas de vivir y ayudar. Si te resuena este tema o quieres que haga un vídeo profundizando más en los paramis, házmelo saber en los comentarios y te lo haré encantado.

5º. Dar es darte. Te voy a contar mi experiencia de amor sirviendo. Esto tiene que ver con el parami de la generosidad o dāna. La meditación me ha hecho ver que no estamos separados, somos todos el mismo ser, experimentándose en diferentes contextos y situaciones. Al entender esta verdad y verme unido, entiendo que cada vez que ayudo o hago la vida más fácil a alguien, me estoy ayudando a mí mismo. Una vez más, lo he podido comprobar por experiencia propia en uno de los retiros sirviendo, es decir, como voluntario en la cocina, que por cierto, se trabaja bastante. Tuve una experiencia y comprensión de lo que estoy diciendo. Mientras miraba el atardecer en Dhamma Sacca, después de un día de servicio, lágrimas comenzaron a caer de mis ojos, pero esta vez no eran lágrimas de tristeza, era liberación, era mettā, era amor compasivo incondicional. Me sentí profundamente lleno de amor y un éxtasis recorrió todo mi cuerpo. Creo que fue una sensación parecida a cuando te drogas con algún tipo de sustancia, porque literalmente me sentía drogado. Desde esa sensación, los pensamientos que ocupaban mi mente eran de: “Quiero ayudar todo lo que pueda a las personas que están sufriendo. Quiero amar y abrazar a todas estas personas. Deseo el bien a todo el mundo” y cosas similares. Esta experiencia duró algunos minutos o incluso horas, lo desconozco, porque en ese estado el tiempo te prometo que no existe. Estaba lleno de amor y sentía que a todas las personas con las que me cruzaba les enviaba ese amor para allanar su camino.

6º. Cómo me ayuda la práctica diaria por la mañana y por la noche. He aprendido que en nuestro día a día nos llenamos de mierda del mundo externo. Somos niños en el nivel de conciencia humano, por lo tanto, estamos en pañales respecto a lo que es un ser humano. Y la realidad es que no sabemos vivir. Y si no, explícame por qué todavía hay guerras, muerte, destrucción y hambre. Cuando meditas nada más despertar, equilibras tu mente para afrontar el día con cierto equilibrio mental. De esta manera, la toma de decisiones se hace más fácil y reaccionas menos ante la adversidad. Aun así, en el día a día vivimos experiencias a veces incómodas o que nos sacan de nuestras casillas. Meditar por la noche asienta la mente de nuevo para que descanses tranquilo y en paz, y al día siguiente estés recuperado y lleno de energía. En este vídeo no voy a profundizar en esto, pero te puedo asegurar que desde que medito, mi rendimiento en el trabajo no tiene ningún sentido. He pasado más de 12 horas trabajando seguidas, muchos días sin comer, debido a la gran concentración, lucidez y foco que tenía mi mente en esos momentos. Esto me suele pasar muy comúnmente cuando termino un retiro de meditación.

7º. ¿Qué barreras o resistencias me encuentro? Dudas. La mayor barrera, enemigo o resistencia que me he encontrado a la hora de meditar ha sido la duda. Que si profundizas en ella, entenderás que viene del miedo. Esta duda te hace pensar cosas como: “¿Y si estás perdiendo el tiempo? ¿Seguro que esto funciona? ¿Alguien quiere sacar provecho de ti?” y miles de pensamientos similares. Cuando sucede esto en tu mente, ya sea en un retiro o en tu vida, la meditación se vuelve difícil, y hay muchas personas que abandonan por este obstáculo. Pero cuando sigues meditando y profundizando, te das cuenta de que esas dudas y miedo vienen de ti y que son dudas hacia ti mismo. Y cuando llegas a esta comprensión, la meditación vuelve a tornarse sutil, sigues avanzando y profundizando en más y más capas de tu mente. Aún así, no creo que este obstáculo se vaya hasta que alcancemos la meta final. Por lo tanto, es algo con lo que tendremos que lidiar en el camino.

Y lo mismo o parecido sucede con el deseo, el mismo que tenía en mi mente en mi primer retiro de meditación. El deseo nos lleva a un futuro que no existe, nos proyecta hacia la obtención de logros materiales y nos hace imaginar en situaciones y contextos que el 90% de las veces no se llegan a dar. Y también nos hace desear no sentir dolor o no sufrir. Eso también es un deseo. Es decir, que lo que sientes cuando no quieres sufrir dolor, ya sea mental o físico, es deseo también. Al inspeccionar tu mente, puedes darte cuenta de ello y ver cómo nos comportamos erróneamente, guiados por este deseo. En el último retiro de meditación estuve trabajando muy seriamente con esta impureza mental y no paró de aparecerme hasta el sexto o séptimo día.

8º. Comprensión de Anicca. Una de las cosas más importantes a recordar como estudiante nuevo, o incluso como estudiante que ha hecho docenas de cursos, es anicca. Goenka lo menciona continuamente: “Mantén la ecuanimidad y sigue comprendiendo anicca”, o “Mantén la ecuanimidad y la percepción de anicca”. Él termina las instrucciones al principio de cada meditación con estas palabras, después de que introduce Vipassanā. Anicca significa “impermanencia” en pali. Al meditar, puedes darte cuenta de cómo todo está cambiando continuamente. Por eso el deseo nos hace tanto daño, porque depositamos nuestra felicidad en algo que es ilusorio y cambiante. Somos tremendamente ignorantes de la verdad y nos aferramos a todo lo cambiante. La única consecuencia de este error es el sufrimiento.

Puedo decir que la meditación ha incrementado mi productividad a niveles que no creía posibles. Lo he mencionado antes, y también podría poner en una gráfica con las fechas y horas en las que comencé a meditar seriamente y la facturación de mi negocio, y la mejora siempre ha sido lineal. A medida que he ido profundizando en la meditación, mis ingresos también han aumentado, mis equipos de trabajo son más fuertes y mi capacidad de gestionar proyectos también. Por supuesto, también mi calma mental a la hora de tomar decisiones.

Y déjame contarte una anécdota. Me ha sucedido que, mientras escribía estas líneas esta mañana, me llené de una energía de generosidad y conecté con la importancia de donar y ayudar. Así que hice una donación al centro de Barcelona, Dhamma Neru, donde acaban de hacer una inversión muy grande para ampliar el centro. Es curioso que, al mismo tiempo que realizaba la donación, entraba dinero de vuelta en mi cuenta por una venta que se daba justo un minuto antes de realizar la donación. Y es que la energía del dinero funciona así, no puede estancarse. Si la dejas quieta, no puede circular libremente y crecer. El dinero tiene que moverse, porque sirve para cumplir un fin de ayudar. Y cuando tú lo mueves con ese fin, te viene inevitablemente de vuelta. Pero si tú donas o das algo porque en tu mente quieres tener más de vuelta, no funcionará. Debes desapegarte por completo de ese dinero y conectar con esa energía de dar y ayudar.

Durante mi emprendimiento, he tenido momentos difíciles, de querer tirar la toalla y dejarlo todo, pero por algún motivo no lo hice y seguí confiando. Hoy en día, sigo siendo tremendamente ignorante, pero estoy empezando a ver y a entender por qué los grandes sabios y avatares de la historia dedicaban toda su vida a servir y ayudar a los demás. Eso es justo a lo que hemos venido, a servir a los demás. Por el camino, nos perfeccionamos a nosotros mismos, y esto, a su vez, hace que podamos ayudar más a los otros. Hay una frase que me encanta, que decía el maestro Goenka: “Servir para perfeccionarme y perfeccionarme para servir”, que justamente quiere decir que al servir nos hacemos mejores, y que al hacernos mejores, podemos servir más.

Este vídeo lo he hecho con esa intención, con la intención de trasladaros lo que he estado aprendiendo estos últimos meses. Agradecería de corazón que me dejes un comentario con lo que has sentido o pensado al ver este vídeo, que lo compartas con alguien de tu entorno que creas que le puede ayudar a despertar o entender un poco más sobre la meditación, la espiritualidad o cómo yo entiendo los negocios y el emprendimiento. Por último, hazme saber de qué te gustaría que hablara en el próximo vídeo.

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Víctor.

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Víctor de la Cruz
Escrito por

Terapeuta en Reprogramación Mental

Estudiante de Un Curso de Milagros y fundador de la "Comunidad Libertad Mental". Ayudo a terapeutas y emprendedores a reprogramar su mente para el verdadero crecimiento.

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