Bienvenido/a a esta nueva publicación en nuestro espacio dedicado a la espiritualidad y al crecimiento interior. Hoy vamos a explorar una lección esencial de Un Curso de Milagros, que nos invita a recordar nuestra verdadera función en este mundo y a mantenerla presente en nuestra mente y corazón. La lección número 64 nos recuerda que nuestra misión es perdonar y, en ese acto, encontrar la felicidad que Dios ha dispuesto para nosotros. Te invito a acompañarme en este camino de reflexión y transformación a través del video y el desarrollo de esta enseñanza.


Explicación en Video de la Lección 64 de Un Curso de Milagros

¿Quieres entender más profundamente el mensaje de esta lección? Te invito a ver el video completo, donde Víctor de la Cruz explica con claridad y sencillez cómo aplicar esta enseñanza en tu vida diaria.

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Texto Completo del ejercicio de la Lección 64 de Un Curso de Milagros

Aquí tienes el texto íntegro de la lección 64, directamente del libro de ejercicios de UCDM:


LECCIÓN 64 UCDM

Que no me olvide de mi función.

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1. La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: “No me dejes caer en la tentación”. 2 El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella. 3 Es asimismo la tentación de abandonar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física. 4 Esto es lo que los ojos del cuerpo ven.

2. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí. 2 Hemos aprendido, no obstante, que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado y, por lo tanto, ve en ellas otro propósito. 3 Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados. 4 De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.

3. Al repasar nuestras últimas lecciones, vemos que tu función aquí es ser la luz del mundo y que es una función que Dios Mismo te dio. 2 La arrogancia del ego es lo único que te hace poner esto en duda, y el miedo que le tienes, lo único que te induce a considerarte indigno de la tarea que Dios Mismo te encomendó. 3 La salvación del mundo aguarda tu perdón porque a través de él el Hijo de Dios se libera de todas las ilusiones y, por ende, de toda tentación. 4 El Hijo de Dios eres tú.

4. Sólo desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz. 2 Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable. 3 No hay otra manera. 4 Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.

5. Recordemos esto hoy. 2 Tengámoslo presente por la mañana, por la noche y también a lo largo del día. 3 Prepárate de antemano para todas las decisiones que tengas que tomar hoy, recordando que todas ellas son en realidad muy simples. 4 Cada una te conducirá ya sea a la felicidad o a la infelicidad. 5 ¿Puede ser acaso difícil tomar una decisión tan simple? 6 No permitas que la forma de la decisión te engañe. 7 Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido. 8 Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección. 9 Ésta es la única elección que el Espíritu Santo ve. 10 Por lo tanto, es la única elección que existe.

6. Practiquemos hoy, pues, con estos pensamientos:

  • Que no me olvide de mi función.
  • Que no trate de substituir la que Dios me dio por la mía.
  • Quiero perdonar y ser feliz.

7. Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a reflexionar acerca de esto con los ojos cerrados. Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo.

8. En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos y luego a pensar en ellos y en nada más. Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere. Tal vez necesites repetir: “Que no me olvide de mi función” con bastante frecuencia para que te ayude a concentrarte.

9. Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas. Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando. En otras, mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros:

Éste es el mundo que es mi función salvar.


Explicación completa de la clase o Lección 64 UCDM

Esta lección nos invita a recordar con conciencia y compromiso cuál es nuestra verdadera misión en la vida: perdonar y liberar el sufrimiento a través del perdón. El mundo que percibimos, con sus tentaciones y apariencias físicas, busca distraernos de esa función sagrada, presentándonos una ilusión de separación y de pecados que debemos corregir.

Víctor de la Cruz nos explica en el video cómo la enseñanza de esta lección nos ayuda a entender que nuestras decisiones diarias, por simples que parezcan, están directamente relacionadas con nuestra felicidad y con la elección entre mantener nuestro propósito divino o caer en la ilusión del ego. Cada instante es una oportunidad para recordar quiénes somos realmente y honrar esa función sagrada que Dios nos confió: ser luz, perdón y felicidad en el mundo.

El mensaje esencial es que, aunque las apariencias puedan engañar, nosotros tenemos el poder de escoger la percepción correcta, viendo en las ilusiones un camino hacia la salvación personal y colectiva, y cumpliendo con nuestra misión espiritual.


Cómo Practicar la Lección 64 de UCDM – Cómo Recordar Tu Propósito y Vivir con Plenitud

Para integrar esta enseñanza en tu vida diaria, es fundamental que mantengas presente el recordatorio: “Que no me olvide de mi función”. Dedica unos minutos en la mañana, al mediodía y en la noche a reflexionar en esta idea. En esos momentos, cierra los ojos y repítela en silencio, permitiendo que su significado penetre en tu conciencia.

Durante el día, realiza prácticas cortas varias veces, ya sea con los ojos cerrados o abiertos. Si eliges mantener los ojos abiertos, observa con calma y desapego tu entorno, recordando que el mundo que percibes es el escenario donde tu función de salvación se manifiesta.

Utiliza las variaciones recomendadas: concentrarte profundamente en los pensamientos con los ojos cerrados o, por el contrario, mirar con atención consciente, repitiendo mentalmente la frase clave: “Éste es el mundo que es mi función salvar.” La disciplina y la constancia te ayudarán a recordar que la decisión de actuar desde el amor y el perdón es sencilla, y que esa simplicidad es la clave para la felicidad verdadera.


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Podcast – Libro de ejercicios Un Curso de Milagros

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