¡Bienvenido/a! Hoy te invito a profundizar en una lección fundamental de Un Curso de Milagros que nos recuerda nuestro propósito más elevado y nos invita a reenfocar nuestra vida desde esa perspectiva de paz y misión. La lección 65 nos guía hacia el reconocimiento de que nuestra función en este mundo es un regalo divino y que, al aceptarlo, encontramos la verdadera paz interior.


Explicación en Video de la Lección 65 de Un Curso de Milagros

Te invito a visualizar el siguiente video donde Víctor de la Cruz explica de manera clara y práctica el significado de esta importante lección. Descubre cómo aplicar esta idea en tu día a día para vivir con mayor propósito y tranquilidad.

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Texto Completo del ejercicio de la Lección 65 de Un Curso de Milagros

Aquí tienes el texto íntegro de la lección 65, directamente del libro de ejercicios de UCDM:


LECCIÓN 65 UCDM

Mi única función es la que Dios me dio.

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1. La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación. También te recuerda que no tienes ninguna otra función salvo ésa. Ambos pensamientos son obviamente necesarios para un compromiso total. La salvación no podrá ser tu único propósito mientras sigas abrigando otros. Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo te has inventado.

2. Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo. Ésta es la única manera en que puedes decir, y decirlo en serio: “Mi única función es la que Dios me dio”. Y ésta es la única manera en que puedes encontrar paz.

3. Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o quince minutos para una sesión de práctica más prolongada en la que vas a tratar de entender y aceptar el verdadero significado de la idea de hoy. La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar de todas las dificultades que percibes. Pone en tus manos la llave que abre la puerta a la paz, la cual tú mismo cerraste. Es la respuesta a la búsqueda en la que has estado enfrascado desde los orígenes del tiempo.

4. Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días. Trata asimismo de fijar esa hora de antemano y de luego adherirte a ella lo máximo posible. El propósito de esto es organizar tu día de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persigues. Esto es parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera consistente para el propósito que comparte contigo.

5. Comienza la sesión de práctica más prolongada repasando la idea de hoy. Luego cierra los ojos y repite la idea para tus adentros una vez más, observando tu mente con gran detenimiento a fin de poder captar cualquier pensamiento que cruce por ella. Al principio, no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy. Trata, más bien, de poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla. Toma nota de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se presente, y deséchalos uno por uno a medida que te dices a ti mismo:

“Este pensamiento refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única función.”

6. Después de un rato te resultará más difícil poder detectar los pensamientos que causan interferencia. Sigue tratando, no obstante, durante un minuto más o menos, intentando detectar algunos de los pensamientos vanos que previamente eludieron tu atención, pero sin afanarte o esforzarte innecesariamente en ello. Luego repite para tus adentros:

“Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función.”

Es importante que tengas la disposición de estar abierto/a a que tus propósitos ilusorios sean reemplazados por la verdad. Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la sesión de práctica a reflexionar sobre la importancia que esta idea tiene para ti, el alivio que su aceptación te puede brindar para resolver todos tus conflictos, y cuánto deseas realmente la salvación, más allá de tus ideas limitantes.

En las sesiones más cortas, que deben hacerse por lo menos una vez por hora, usa este modelo:

  • “Mi única función es la que Dios me dio. No quiero ninguna otra ni tengo ninguna otra.”

Cierra los ojos en algunas ocasiones y en otras mantén la mirada en tu entorno. Lo que ahora ves será diferente cuando aceptes esta idea plenamente.


Explicación completa de la clase o Lección 65 UCDM

En esta lección, Víctor de la Cruz nos recuerda que nuestro propósito más alto es definirnos desde la perspectiva de la salvación y el servicio divino. La idea central es que nuestra función verdadera, otorgada por Dios, es la única que realmente importa y con la cual podemos hallar la paz interior. La práctica consiste en reafirmar ese compromiso cada día, dedicando tiempo a meditar y a deshacer pensamientos que puedan distraernos o alejarnos de nuestro propósito.

La paz y la felicidad genuina surgen cuando reconocemos que no hay otra misión que cumplir, que nuestra totalidad está alineada con la voluntad divina. Al hacerlo, dejamos de lado los objetivos egoicos y triviales que sólo generan conflicto, permitiendo que la verdad ocupe su lugar en nuestra mente. Víctor nos invita a utilizar momentos de reflexión y oración para conectar con esa verdad y fortalecer nuestra intención de vivir con propósito espiritual.


Cómo Practicar la Lección 65 de UCDM – Descubre Tu Verdadero y Único Propósito

Para practicar esta lección, reserva unos minutos cada día para sesiones de meditación o reflexión profunda. Comienza repitiendo la idea central: “Mi única función es la que Dios me dio”. Observa con atención los pensamientos que surjan y que puedan distraerte, y reemplázalos mentalmente por esta afirmación. Durante el día, repite la idea en silencio cada hora, reforzando tu compromiso.

Es importante que establezcas una hora específica para tu práctica más prolongada, que puede ser por la mañana o en la noche, y que te esfuerces por mantener esa rutina. La constancia ayuda a que el cambio interior se consolide y a que puedas vivir con mayor alineación a tu propósito divino. Recuerda que el objetivo es liberar tu mente de pensamientos limitantes y recordar que tu verdadera función es otorgada por Dios y destinada a traer paz.


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